¿Cuáles son las fuentes de valor para el accionista?


De manera histórica, se ha comprobado que la fuente fundamental del valor de los activos procede de los flujos de caja esperados que pueden obtenerse de la propiedad de los mismos. Por lo que concierne a las acciones y a los títulos de renta variable, estos flujos de caja provienen de los dividendos o bien de los repartos monetarios que resultan de los beneficios generados o de la venta de los activos de la empresa.

De manera aún más directa, las cotizaciones de las acciones dependen también de la tasa a la que se descuenten o representen los respectivos futuros flujos monetarios. Los flujos de caja futuros son descontados porque las sumas de dinero que se perciban en el largo plazo no se valoran tanto como las que son recibidas en el presente. Las razones del descuento por parte de los inversores van desde la presencia de una tasa sin riesgo, como el rendimiento prometido por un activo alternativo seguro; la inflación, que contrae el poder adquisitivo de la liquidez recibida en el futuro, y también el riesgo coligado con las magnitudes de los flujos de caja deseados, lo cual hace que los inversores que buscan activos arriesgados, como las acciones, requieran de una prima con relación a los títulos más seguros. La suma de estos tres factores -la tasa de rendimiento sin riesgo, la prima de la inflación y la prima de riesgo de las acciones- determina la tasa de descuento de las acciones. Esta tasa de descuento se denomina también de rentabilidad mínima sobre el capital o el coste de capital propio.

Es relevante tener en cuenta, cuando se está considerando iniciar una vida como inversor, que resulta indispensable entender que los beneficios generados por una empresa son la fuente principal de los flujos de efectivo para los inversionistas, y que éstos al final, son el producto de restar los costes de producción con relación a los ingresos de la empresa. Los costes de producción, incluyen todos los costes de materiales y mano de obra, intereses generados por deudas, y también los impuestos y provisiones por depreciación. Las empresas pueden transformar estas ganancias en flujos de caja para los accionistas de diversas formas. La primera, e históricamente la más importante, es el pago de dividendos en efectivo. Los beneficios que no se emplean para el pago de dividendos se denominan “ganancias retenidas”. Estas crean valor al aumentar los futuros flujos de caja a través de: cancelación de deudas, lo que reduce los gastos de intereses; inversión en valores u otros activos, incluyendo la adquisición de otras empresas; inversión en proyectos de capital con el objetivo de aumentar los beneficios en el futuro y la recompra de las propias acciones de la empresa.

Con cierta particularidad es importante destacar el proceso de recompra de acciones. Si una empresa toma esta vía, reduce el número de acciones en circulación y de ese modo provoca el aumento de los beneficios por acción y permite un incremento de los dividendos. Es evidente, que quienes venden sus acciones a la compañía reciben una suma de dinero a cambio. Sin embargo, aquellos que no lo hacen obtendrán en el futuro mayores dividendos y ganancias por acción ya que los beneficios de la empresa se dividirán entre un número menor de acciones. Cabe señalar, que en el momento de la recompra no se cambia la cotización de las acciones puesto que un activo se cambia por otro. Sin embargo, a lo largo del tiempo, las recompras provocan el aumento de los beneficios por acción, lo cual incrementa la cotización del título en cuestión y, por tanto, genera plusvalías que sustituyen a los dividendos que los accionistas habrían recibido.