Estructuración de una cartera de acciones con una visión a largo plazo


Ser un gran inversor a largo plazo es fácil en la teoría, pero complicado en la práctica. Es fácil en la teoría porque la estrategia de adquirir y mantener una cartera de acciones diversificada, renunciando a cualquier capacidad o habilidad de previsión al azar, está a disposición de todos los inversores, independientemente de cuál sea su nivel de comprensión, capacidad de criterio o estatus económico. Sin embargo, es difícil en la práctica porque todos somos sensibles a fuerzas emocionales que nos pueden llevar a cometer errores.

Los mitos de aquellos que se han enriquecido con rapidez en el mercado pueden llevarnos a jugar un juego muy diferente al que originalmente nos habíamos planteado. De igual forma, la memoria selectiva también nos empuja regularmente en la dirección equivocada. Aquellos que siguen el mercado de cerca suelen exclamar a menudo: ¡sabía que el mercado iba a subir! Si hubiera hecho caso a mi criterio habría ganado una fortuna. Pero a veces los recuerdos no se corresponden con lo que realmente pasó. Nos olvidamos de las dudas que teníamos cuando tomamos la decisión de no efectuar la compra.

Asimismo, las reflexiones “decepcionantes” pueden distorsionar las experiencias vividas e influir en nuestro criterio, animándonos a seguir nuestras intuiciones y a tratar de ser más listos que otros inversores, que a su vez juegan al mismo juego. Seguir este camino conduce a la mayoría de los inversores a unos resultados desastrosos. Corremos excesivos riesgos, nuestros costes de transacción son altos y sucumbimos a las emociones del momento -pesimismo cuando el mercado está abajo y optimismo cuando el mercado está arriba-. Esto da lugar a frustraciones cuando nuestras acciones desacertadas tienen como consecuencia unas rentabilidades más bajas que las que podríamos haber conseguido permaneciendo simplemente en el mercado.

Conseguir buenas rentabilidades de la inversión en acciones exige mantener una visión a largo plazo y una estrategia de inversión disciplinada. Es igual de importante, mantener expectativas que estén en línea con la data histórica. Por ejemplo, hay que tener sumamente claro que las acciones han alcanzado a lo largo de los últimos siglos, una rentabilidad del 6% al 7% después de eliminar los efectos de la inflación. Asimismo, es importante tener siempre presente que las rentabilidades de las acciones son mucho más estables a largo plazo que a corto plazo. Con el paso del tiempo, las acciones, a diferencia de los bonos, compensan a los inversores de una inflación más alta. Por tanto, a medida que se amplía el horizonte inversor, hay que asignar una proporción mayor de acciones a la cartera de activos.

Por último, pero no menos importante, hay que recordar que las oscilaciones emocionales de los inversores provocan a menudo que las cotizaciones de las acciones se sitúen por encima o por debajo de sus valores económicos fundamentales. La tentación de comprar cuando todo el mundo es alcista y de vender cuando todo el mundo es bajista es difícil de resistir. Y como es tan complicado aislarse de este sentimiento del mercado, la mayoría de los inversores que efectúan operaciones con frecuencia obtienen rentabilidades mediocres.

¿Una recomendación final? Establezca reglas estrictas para mantener su cartera bajo control, sobre todo si es propenso a ceder a las emociones del momento. Si usted es una persona a la que el mercado le produce ansiedad y nerviosismo, posiblemente lo más recomendable sea considerar otros instrumentos de inversión que se acoplen mejor a su perfil de inversor.