Eventos financieros y económicos que marcaron el 2017 para Venezuela


El año 2017 fue una montaña rusa, si existiera una de caída libre permanente. El cierre de año estuvo caracterizado por una grave crisis económica y el desplome en la deuda tras el anuncio de la reestructuración. En el último trimestre el país entró oficialmente en hiperinflación al encontrar un crecimiento del 50% en los precios de los bienes y servicios básicos en un mes. Asimismo, la liquidez monetaria alcanzó máximos históricos y tasas de crecimiento semanal no vistas desde que se tiene registro.

En materia de deuda, el 2017 también fue un período complicado. En mayo hubo gran controversia por la compra realizada por Goldman Sachs al Banco Central de Venezuela de una emisión de la estatal petrolera PDVSA en el 2014. Aunque la transacción fue realizada en el mercado secundario, lo cierto es que una deuda intergubernamental pasó a ser deuda pública externa, lo que implicaba financiamiento fresco al gobierno.

A mediados de año, Estados Unidos anunció que implementaría en el futuro cercano sanciones contra el gobierno Venezuela, golpeando fuertemente al mercado, que hasta ese momento había ignorado el período de protestas e inestabilidad política. Unas semanas después, cuando las sanciones se publicaron, la consecuencia inmediata fue otra caída de la curva y en el mediano plazo resultó en complicaciones para realizar las operaciones de pago del gobierno. Esto le sirvió de excusa al ejecutivo para anunciar una renegociación con los tenedores de deuda venezolana, sin necesidad de asociarlo a la evidente falta de liquidez que presenta la administración para enfrentar sus compromisos.

El mes de noviembre fue trágico para el mercado. El anuncio de Maduro generó tres días consecutivos de caída en la curva, que a pesar de recuperarse levemente las siguientes jornadas, cerró con una variación negativa de 33% en el mes. Hacia finales de noviembre, la falta de información y la elevada incertidumbre causó una depresión en el volumen de las transacciones, que no se ha recuperado desde entonces. La reunión de los inversionistas a mediados de mes con el gobierno no generó ningún resultado. El pago de deuda en este período fue desordenado, varios bonos entraron técnicamente en default. Sin embargo, esto no provocó ninguna consecuencia, más allá de la activación de los Credit Default Swaps.

En cuanto al petróleo, el aumento en los precios generó cierto margen de maniobra para la administración de Maduro. El desplome de 19,22% de la producción interanual de PDVSA fue suavizado por el aumento de 31,24% en el precio de la cesta venezolana.

Por otra parte, la dependencia de Venezuela de las exportaciones de crudo para obtener ingresos había generado una alta correlación entre los precios del petróleo y la deuda venezolana. Sin embargo, desde mediados de año la correlación con el petróleo se perdió, a partir del momento en el que el mercado comenzó a asignar mayor peso al factor político que al económico.

A pesar de los problemas de liquidez, el gobierno logró pagar a duras penas los principales compromisos del año y la mayor parte de los cupones. Esto lo hizo apoyado en sus aliados geopolíticos, por ejemplo, Rusia le otorgó un préstamo a través de la petrolera Rosneft cuando se acercaba el vencimiento del PDVSA 17V en abril.

Aunque en el último trimestre del año no se ve reflejado ningún ingreso o incremento de deuda con aliados, Rusia le permitió una restructuración de la deuda bilateral que le concedió oxígeno a la administración para cumplir con otras obligaciones. Pese a ello, hay que destacar que las autoridades no han sido puntuales ni responsables en los pagos de intereses durante los últimos meses del año, llegando incluso a vencerse el periodo de gracia de varios cupones.