¿Cómo cierra la economía venezolana en 2020?


Hemos llegado al último trimestre del año, y el balance de la economía venezolana tras la llegada de la pandemia del Covid-19, muestran unas condiciones que exponen, aún más, nuestra economía a sufrir costos derivados de la pandemia mayores que otros países de la región.

A medida que el país se adentra en una nueva fase de propagación del COVID-19, las expectativas para lo que resta del año en materias económica y social empeoran. Por un lado, si continúan las limitaciones de colocación de crudo local en los mercados internacionales, se prevé que las exportaciones brutas de crudo caigan por debajo de 584 mb/d para 2020, lo que llevaría a una contracción de al menos 80,6% en los ingresos petroleros de la Nación, incluso con una visión optimista sobre el valor de la cesta petrolera (una vez superado el rango de precios bajo-cero) por sobre los 24,32 USD/b.

Dentro de este escenario, además de la merma de las remesas e incluso con los ajustes previstos en materia de importaciones, el Ejecutivo todavía deberá hacer frente a un déficit de USD 1.993,0, según nuestros últimos cálculos. En lo que respecta al entorno nacional, las alteraciones en el flujo de divisas, las limitaciones en la oferta de bienes locales por la paralización de actividades, el peso de los tributos y la falta de financiamiento conllevarán a una contracción económica de 33,5%, con una reducción de 34,2% en el ámbito no petrolero (impulsadas por el deterioro del comercio y la actividad manufacturera). En este ámbito, el cese de la actividad comercial global juega un papel fundamental. Al respecto, se estima una restricción de las importaciones de bienes cercanas a 66,3%, alcanzando un nuevo mínimo histórico (de concretarse) desde 1997.

Con las limitaciones a nivel externo, es previsible la reaparición del fantasma de la escasez de gasolina y, con ello, una nueva limitación (o encarecimiento) de la comercialización de bienes y servicios en Venezuela. El consumo privado seguirá afectado por la pandemia (con una merma de 32,5% estimada para 2020), lo que, en el contexto de una intermediación crediticia limitada por la política de encaje y con unas transacciones cada vez más dolarizadas, acotará la agresividad del alza de precios y del tipo de cambio; sin embargo, dados los desequilibrios monetarios causados por el Ejecutivo y la inestabilidad cambiaria producto de la persistencia de la pandemia, la economía cerraría el año con una inflación anual cercana al 3.000%, culminando así su tercer año bajo el espectro de la hiperinflación.

De cara al 2021. la economía venezolana arranca siendo apenas una quinta parte de lo que era en 2012. Sin embargo, esperamos que los niveles de contracción experimentados en los últimos años no se repitan el próximo y la inflación siga su senda descendente, dado el avance de la hiperinflación. Adicionalmente, algunos nichos claves en áreas como comercio, servicios y telecomunicaciones, serán oportunidades claves para los inversionistas privados. También conviene prestar atención a los cambios que están operando a nivel del Estado venezolano, que también moldeará las áreas de interacción entre el sector público y privado.

  • Asdrúbal Oliveros Director de Rendivalores