Consumo y pandemia en Venezuela


A inicios del confinamiento, éramos de la opinión de que los ingresos del consumidor venezolano mermarían como resultado de la paralización de la actividad económica. Ante una reducción de sus posibilidades de consumo, el venezolano ha debido priorizar la adquisición de bienes considerados de primera necesidad en relación con otros bienes de lujo o prescindibles; continuando con su estrategia de adaptación en un entorno recesivo e hiperinflacionario. Haciendo un contraste de la evolución de los precios a la par de movimientos en ventas entre marzo y mayo, nos permite observar con mayor claridad los efectos de la pandemia en el comercio local, lo que es un análisis útil para la estrategia empresarial en los próximos meses; especialmente considerando que el Ejecutivo ha dejado entrever que el estado de alarma puede mantenerse hasta que se tenga posesión de la vacuna.

Las revelaciones iniciales de un estudio realizado por Nielsen sobre los patrones de consumo privado en Venezuela en las etapas iniciales de la pandemia nos indican que, en marzo, hubo un incremento importante de las ventas (en unidades) de los productos registrados en su canasta, debido, posiblemente, a una acción anticipatoria de parte de los agentes de acumular bienes ante una posible disminución (o ausencia ) de sus ingresos o desabastecimientos de éstos con el confinamiento. Destacan, especialmente, los incrementos de las ventas en marzo de rubros de “Consumo básico ”, “Farmacia”, “Otros Alimentos” y “Cuidado Personal” en torno a 86,0%; 71,0%; 56,0% y 41,0%, respectivamente, comparado con el mismo mes anterior. Luego, se observó cómo las ventas de todos los rubros (salvo bebidas alcohólicas) se contrajeron en abril, especialmente, los bienes relacionados con “Farmacia” que presentaron una caída de 52,0%, lo que podría corresponder a una conducta de acaparamiento en el mes previo de parte de los hogares aprovechando el carácter duradero de los medicamentos. En mayo, se reportaría un comportamiento similar: nuevamente las bebidas alcohólicas (junto a bebidas no alcohólicas) sería el único rubro que presentaría (un ligero) incremento. Este punto es también ilustrado por el hecho que la venta de productos que presentaba históricamente crecimientos constantes como “galletas”, “harina de maíz” y “pastas alimenticias”, experimentó caídas mensuales consecutivas durante abril y mayo, mientras que la venta de productos como “harina de trigo”, “acondicionadores de cabello” y “tintes de cabello” creció de manera sostenida. Además, debe mencionarse la sensibilidad de los agentes a las medidas que pueda aplicar el Ejecutivo. Antes del anuncio de la lista de nuevos precios regulados, hubo un incremento de las ventas de 11,0% dos semanas antes y de 5,2% la semana siguiente. La semana después de la publicación de dicha lista, las ventas cayeron 18,0% y la semana subsiguiente a esa retrocedieron 25,3%. Esto demuestra que el mercado venezolano es muy sensible a las medidas del Gobierno. Las experiencias previas en materia de anuncios gubernamentales han sido internalizadas por los agentes, quienes valoran dicha información y actúan en consecuencia.

También pueden monitorearse los cambios en las preferencias de los agentes al hacer seguimiento a la evolución de los precios de los rubros que componen la canasta del Índice Nacional de Precios del Consumidor. Desde Ecoanalítica recopilamos los precios de tales productos y pudimos observar la relación entre rubros. Al usar como referencia los precios de alimentos y bebidas no alcohólicas , puede obtenerse una visión más amplia para implementar en las estructuras de costos y decisiones empresariales. Por ejemplo, puede apreciarse cómo, en 2019, el proceso de eliminación de ciertos subsidios había propiciado que “Transporte” presentara un encarecimiento significativo (445,6%), en relación con “Alimentos y bebidas no alcohólicas”, y que los precios en “Salud” aumentaran de manera similar. Luego, en la primera mitad de 2020, se observó que Alimentos tuvo un mayor incremento de precios con respecto al resto de los rubros que componen la canasta de bienes representativa nacional; sin embargo, destacan algunos comportamientos a lo largo del año. Se observó un cambio de tendencia en la relación entre Alimentos y el rubro “Servicios de la vivienda” (con excepción de teléfono) a partir del inicio de la cuarentena en marzo y en la relación de Alimentos y Transporte, donde en los primeros tres meses se observó un encarecimiento relativo del primero sobre el segundo y luego una relación contraria que coincide, además, con el inicio de la cuarentena y las fluctuaciones de precio de la gasolina (tanto de manera oficial como extraoficial).

También debe destacarse cómo bienes de menor prioridad o de “lujo” como “Vestido y calzado”, “Esparcimiento y cultura” y “Alcohol y tabaco” presentan un crecimiento menor que el de resto de los bienes más esenciales como “Alimentos y Bebidas no Alcohólicas” y “Salud”. Por ello podría afirmarse que la llegada de la pandemia, con sus consecuentes limitaciones de ingresos para los consumidores, ha incidido sobre las decisiones de consumo de los venezolanos, quienes dan mayor prioridad a artículos más esenciales. Si bien una contracción del consumo es previsible como consecuencia del confinamiento, las cifras previas revelan que la caída de las ventas ya era un factor presente al inicio de año: en febrero, las ventas (en unidades) retrocedieron 68,0% con respecto a junio de 2018. Esto serviría para reflejar la contracción del mercado comercial venezolano y la consecuente exacerbación de la competencia entre los comercios locales para poder ganarse su participación en el mismo. En principio, esto significaría que las compañías deberán volver a esquemas más “normales” o “sanos”, uno que se base más en el mercadeo y posicionamiento de la marca por encima de los competidores en lugar de centrarse en estrategias para colocar un precio más conveniente para los hogares. Ante este cambio de paradigma en el mercado venezolano, el posicionamiento de la marca vuelve a surgir como un factor fundamental en la estrategia de venta, haciéndose necesario dar un paso más allá de lo que ofrece el producto en sí, considerando su valor y el público objetivo para vincular la marca con el cliente.

Asdrúbal Oliveros Director de Rendivalores